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¡Viva la primavera!

abril 4, 2014 7 Columnas, La Lola se va a los puertos, Lo Ultimo 3 comentarios

Se me ha caducado el pasaporte. Menos mal que se dio cuenta el policía del aeropuerto cuando volvíamos a Atenas: ”Señora, en dos días tiene que renovar el pasaporte”. Si no me lo dice, ni me entero. Así que tuve que ponerme de nuevo en “modo de gestiones burocráticas” y hacer una excursión hasta la Embajada de España para poder poner en regla el documento.

La lola

La lola

Y ahora -dirás tú- es cuando la pesada de Lola nos cuenta otra de sus batallitas de ventanilla en ventanilla y de despropósito en despropósito. ¡Pues no, lista, no va por ahí la cosa!

Aunque, a ver, ¿a quien le gusta tener que ir a pasarse la mañana a una oficina para renovar lo que sea… ¡Pues a partir de ahora a mí!

¡Que mi santo me pida todas las gestiones que quiera en la Embajada, que no pienso negarme a ninguna!.

No maja no, tampoco va por ahí la cosa. No es que me vaya a poner a cantar las bondades del trabajo que realizan nuestros paisanos en ese trocito de España que es nuestra delegación. Que podría, no te creas, porque hay que ver lo amables y lo eficaces que son. Pero no es eso lo que te quiero contar.

Martes pasado, primero de Abril que, aquí, es el día de los inocentes. Bueno aquí y en medio mundo, porque va una de lista creyendo que es una cosa anglosajona tipo “halloween” y resulta que quitando nosotros y cuatro países más, todo dios hace las inocentadas el día 1 de Abril.

Me voy en metro a mi misión. Una de las ventajas de mi barrio es que es primera parada, así que voy sentadita y tan a gusto y además, viendo el paisaje, porque el tren no se mete bajo tierra hasta que llega al centro. Hago transbordo en Omonia (que quiere decir concordia) y luego sigo por Panepistimio (universidad) y Síntagma (constitución) hasta Acrópolis, donde me recibe en una foto tamaño XL de Melina Mercouri delante del Partenón. Y eso ya te impresiona, la verdad, que te dan hasta ganas de ponerte a cantar “Los niños del Pireo”. Pero nada es comparable a la impresión que te da cuando sales del metro, subes hasta la calle de la embajada, levantas la cabeza y ¡hala! ¡la Acrópolis en todo lo alto!

Porque vale que la he visto mil veces; en fotos, en pelis, en la tele. Pero tenerla delante, así, en directo, sobre todo si está iluminada por un maravilloso sol primaveral, eso ya no es de este mundo. No es la primera vez que la veo al natural, que conste, pero me da igual. Mil veces que la vea, mil veces que me voy a quedar boquiabierta.

Igual que me quedo boquiabierta cuando veo las lechosas piernas y brazos de los guiris (y por guiris me refiero a los turistas no mediterráneos), que es que ven un rayito de sol y ya están en tirantes y pantalones cortos. Aunque estén esperando para entrar en el Museo de la Acrópolis, que ahí poco les va a dar el sol. Luego vendrán los resfriados.

Termino en un pis pas mi gestión en la embajada (lo que te digo, eficientes y amabilísimos) y decido tomarme un cafelito en la terraza del museo. ¡Y qué Museo! ¡Y qué terraza! Y además, para subir a ella, no tienes que pagar la entrada al museo, puedes ir directamente al restaurante y a la tienda. Eso sí, si no lo has visto, te recomiendo encarecidamente que lo hagas. Delante de mi tengo la roca sagrada con el Partenón coronándola y a sus pies, en una casita neoclásica, la Embajada de España, con su bandera en el balcón. Momento emoción patriótica.

Pido un capuccino y en menos que canta un gallo, aparece un apuesto camarero que con una preciosa sonrisa, me dice “Kaló mína”, que viene a ser “buen mes” y me deja mi café cuya espuma han adornado con corazones (¡más monos!) Hoy es día uno, y “Kaló mina” es lo que te dicen en Grecia cuando empieza el mes. Lo mismo que te dicen “kalí hebdómada” (buena semana) cada lunes, “kaló drómo” (buen camino), cada vez que sales a la calle, “Kaló ximona”, o “kaló kalokeri” cuando empieza el invierno o el verano. O sea que como pille el inicio de la estación y del mes en lunes y decidas que te vas al centro, te puedes pasar cinco minutos intercambiando frases con cualquier ateniense que hasta parecería que sabes griego y todo.

Termino mi café y me pierdo por las callejuelas de Plaka, donde ya están abiertos casi todos los negocios que sacan sus perchas llenas de mercancías a la calle. Entre kalimeras, Kalo mina y demás formas de expresar buenos deseos, voy sorprendiéndome en cada esquina, cuando entre las tiendecitas se abre un claro y aparece una nueva ruina: la puerta de Adriano por aquí, la linterna de Lisícrates por allá, el Ágora y la plaza de Monastiraki, con su río subterráneo y su imponente vista de la ladera de la Acrópolis. Desde allí cogeré de vuelta el metro al barrio.

Tengo que hacer esto más a menudo, me digo. Hay mucha energía cerca de esta roca.

De repente no me parece tan descabellada la frase del escultor Lisicles, que encontré leyendo un libro sobre Grecia:

“Quien no desea ver Atenas es un tonto.
Quien la ve sin sentir agrado es más tonto todavía.
Pero el colmo de la estupidez es verla, sentir agrado y abandonarla”.

Yo, de momento, aquí me quedo. ¡Y que viva la primavera en Atenas!

Lola Larreina para AtenasDigital.com

Hay 3 comentarios en esta entrada:

  1. MonaLisa dice:

    Preciosa, Lola, tu acuarela de Atenas la bella. Lo voy a imprimir y me lo voy a llevar en el bolsillo para los días de «dramática» incomprensión de lo heleno.

  2. O. dice:

    Linda mi niña!!!!!! QUE BONITO LO CUENTAS….., vamos , que dan ganas de tirarse a la calle ya mismo.
    Disfruta y déjanos aprender contigo.
    Que tengas un precioso día reinona.

  3. maria jose dice:

    OHHH¡¡¡¡¡¡ que bonito, que emoción, casi me pongo a llorar porque yo soy de las que la he visto, he sentido agrado y he tenido que abandonarla.
    Bueno, no la he abandonado, la llevaré siempre en el corazón.

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