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Semana Blanca

marzo 7, 2014 La Lola se va a los puertos, Lo Ultimo 2 comentarios

 ¡Buenos días desde Kalábrita, en el Peloponeso! Aquí estoy, aprovechando las vacaciones de los niños, que aquí (bueno, aquí no, en el colegio) llaman “half term holidays”, vamos, lo que viene a ser “semana blanca”.

84P80337014 Una tiene muchas virtudes, pero el dominio del esquí no es una de ellas, así que mientras que los churumbeles dan clases de esquí, servidora se ha parapetado en la cafetería, en plan campo base. No, el papá no ha venido. Dentro de las ventajas de la “expatriación” no está que te puedas coger vacaciones cuando te dé la gana. Así que me he tenido que venir yo con los niños y el cabeza de familia se nos unirá el fin de semana. Hay otras madres del cole en la misma situación, por lo menos sola no estoy,  y eso se agradece, porque no veas tu la intendencia necesaria para esto: que si alquilar los esquíes, que si las botas de esquiar, que si llévate las de “aprés-skí” para que se puedan cambiar, que si un tentenmpie… es un no parar.

Precioso todo esto. Tan blanco, tan de montaña… parece Suiza. Y es que es una faceta de Grecia que la mayor parte de la gente no conoce. Pero si señores, en Grecia se esquía. En sitios preciosos y con una ventaja añadida: si no te va la nieve, o como antesdeayer, las pistas están cerradas, pues te coges un trenecito de lo más pintoresco y en una hora estás tomándote una cervecita tan ricamente en el borde del mar.

Ahora que cuando me puse a leer información sobre el sitio al que veníamos, se me cayó el alma a los pies. Te cuento, que nunca está de más aprender un poco de historia.

Resulta que en este pueblo, durante la segunda guerra mundial, exactamente el 13 de diciembre de 1943,  tuvo lugar un acontecimiento de los que te ponen los pelos de punta. Parece que los alemanes, que en ese momento ocupaban el país, tenían la sospecha de que los paisanos de Kalábrita habían hecho presos a unos soldados, y como nadie les decía dónde los tenían escondidos, cogieron todas las mujeres y niños menores de 14 años y los encerraron en la escuela del pueblo. A continuación obligaron a los hombres a que empezaran a subir un monte cercano (el Helmos) y los ametrallaron a todos. A continuación, y no contentos con haber aniquilado a la mitad de la población, prendieron fuego a la escuela.

Aquí la historia tiene dos versiones, una que dice que las mujeres lograron abrir una puerta y escapar, y la otra, que un soldado alemán con un poco de conciencia, “olvidó” atrancar una de las puertas antes de marcharse, permitiendo así que se salvaran. Claro, que el panorama que se encontraron fuera… En el monte han hecho un monumento y en su ladera están enterrados muchos de los cayeron allí mismo. Qué cosa más triste.

En fin, cambio de tema que me deprimo. El hotel bien. Tiene un Spa en el que me las prometía felices, pero que no está abierto hasta el fin de semana, y un servicio WIFI integral que no ha funcionado bien ni un solo día. Pero no me quejo, porque del primero que habíamos reservado nos tuvimos que ir después de la primera noche. Aparte de que era de lo más cutre, que hacía frío y que éramos los únicos moradores, el servicio no se correspondía tampoco con las tres estrellas que ostentaba. De entrada, aunque en la información sobre la habitación ponía que el desayuno era de 8 a 10, el señor que nos recibió nos dijo que a qué hora queríamos desayunar, porque él se tenía que ir a Patras y se acercaría su hija. A mi ya me tocó las narices el asunto, porque si hay una cosa que me fastidia cuando estoy de vacaciones, es tener que andar con estreses para ir a desayunar. Pero bueno, para no liarla, le dije que a las 9:30.

Pues a las 9:30 no había ni dios. Ni a las 10 tampoco. Así que nos fuimos a desayunar a una cafetería donde nos encontramos con más gente del colegio que el día anterior nos habían intentado convencer para que nos fuéramos a su hotel y así los niños se hacían compañía. Yo les había dicho que no, aun con la insistencia de mis hijos, que, evidentemente, preferían estar con amiguitos, porque me daba palo anular la reserva y dejar al señor sin clientes. Pero claro, después de ver lo que le preocupaba si desayunábamos o no, fuimos a ver si había habitaciones libres. Y había. Bueno, pues todavía volvimos al hotel, rehicimos las maletas, nos trasladamos al otro, y no nos cruzamos con un alma. Ni padre, ni hija, ni espíritu santo.

A media tarde me llamó el hombre para decirme que no había nada en nuestra habitación y la llave estaba en la puerta. Que si nos habíamos ido. Increíble capacidad de deducción la del paisano. Me pasé a pagarle por la tarde porque soy cumplidora, porque si le llega a tocar otra…

Oye, que conste que no es que quiera yo decir que las cosas funcionan mal en Grecia. Bueno, sí, ¡que c…!, lo quiero decir. Al menos quiero decir lo que a mí me funciona mal en Grecia, que tengo todo el derecho del mundo ¿no?. No es crítica. Es descripción.

Ayer, en el “chalet” cafetería de la estación de esquí, tuve que estar escribiendo en el ordenador con mitones, porque la calefacción no funcionaba. Primero, cuando me quejé a la camarera que me servía el primer capuchino, me dijo que no es que no funcionase, es que abrían mucho las puertas y entraba el frío. Cuando fui a por el segundo capuchino le dije que de puertas nada, bonita, que los radiadores están helados. “Ah, pues será que no funciona”, me contestó.

Hoy afortunadamente funciona, aunque no me parece que estén precisamente al máximo porque yo sigo con mis mitones y con el kleenex a mano. Espero no terminar con neumonía. Por lo visto no suben la temperatura hasta el fin de semana, porque hay más gente. Y bueno,  vale que estamos en crisis y no se puede tirar la casa por la ventana, pero digo yo que cobrando a 4,80€ el capuchino, ya podían retratarse un poco los tíos agarrados ¿no?.

Pero no me fijo sólo en lo negativo, que no soy tan mala. Hay una cosa que me lleva llamando la atención desde que he llegado a este país, o sea, que no es una excepción:  en mi vida he visto baños públicos más limpios. Da lo mismo que estés en una estación de esquí con cientos de personas que entran con las botas llenas de nieve y con una frecuencia… bueno, ya sabes qué pasa con el frío ¿no?. Pues los retretes niquelados, y siempre con papel disponible. Y eso no tiene precio… y no lo cobran. Que conste.

Lola Larreina para AtenasDigital.com

 

Hay 2 comentarios en esta entrada:

  1. O. dice:

    Bueno, ahora viene lo mejor……fin de semana con husband y calefacción!!!! Disfruta mucho y vuelve pronto que Atenas esta aburrida sin ti!!!!

  2. Carmen R R dice:

    Lola, me encanta la mezcla de información sobre la Grecia histórica y actual . Da la enhorabuena a tu jefa por el nuevo formato .

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